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Contra la exclusión y los prejuicios

Un 80 % de todos los seres humanos con necesidades especiales viven en países en desarrollo. Allí escasean los médicos, clínicas y lugares de rehabilitación. Las niñas, niños y jóvenes con necesidades especiales frecuentemente viven en condiciones de extrema pobreza. Muchos sufren por la discriminación social y los prejuicios. Kindernothilfe apoya niñas y niños con necesidades especiales y se compromete para que estas personas sean integradas a la sociedad.



Necesidades especiales y pobreza.


A nivel mundial aumenta el número de personas con necesidades especiales. Por una parte, esto se debe a un mejoramiento de la atención en salud. Hoy en día muchas personas con limitaciones psicomotoras tienen también la posibilidad de acceder a una vida sana, si pueden disfrutar de un buen sistema de salud. Sin embargo, en los países en desarrollo escasea esta adecuada atención médica. Los niños sufren de hambre, no tienen acceso a fuentes de agua potable, se contagian con enfermedades que en los países desarrollados están erradicadas o que son de fácil tratamiento. Todos estos inconvenientes obstaculizan el desarrollo de las niñas, niños y jóvenes, y causan graves problemas en su crecimiento. El reporte de la Red de Información sobre Derechos del Niño señala que un 97% de las niñas y niños con necesidades especiales en países en desarrollo no reciben rehabilitación, y un 98% no tiene acceso a una educación diferencial de acuerdo a sus necesidades.

 

Los Derechos del Niño deben regir para todos los niños


El significado de los Derechos Humanos es indiscutible en todas partes hoy en día. Sin embargo, las necesidades de niñas y niños con limitaciones psicomotoras a menudo son desatendidas. En el mundo de los excluídos, ellos son los más pobres de los pobres, cuyos derechos esenciales a la sobrevivencia no son claramente respetados.
La mayoría de las niñas, niños y jóvenes con necesidades especiales viven en extrema pobreza. Sumado a esto son víctimas de discriminación, explotación y abuso. Frecuentemente sólo existen dos perspectivas para ellos: o son enviados por sus familias a la calle a mendigar, o son escondidos dentro de las viviendas. En muchos países del sur tener limitaciones sicomotoras, todavía es visto como un castigo de Dios.

 

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